El árbol de hierro

Iván M. Prado Rodríguez

Entre las plantas de marcada coloración otoñal que engalanan e iluminan los jardines en esta época destaca el árbol de hierro. Este hermoso arbusto caducifolio, originario de los bosques al sur del mar Caspio, es una especie endémica de los Montes Elburz, una cordillera situada al Norte de Irán. Sus primeros usos en jardinería datan del siglo XIX, época en la que fue introducido en Europa.

El árbol de hierro (Parrotia persica) es un arbusto resistente, longevo y vigoroso, que se caracteriza por presentar un tronco bajo y muy ramificado. Su corteza, lisa y de un llamativo color grisáceo asalmonado, se desprende con facilidad. La copa es amplia y extendida.

Planta de crecimiento moderado, puede llegar alcanzar una altura de 14 metros, aunque en el jardín rara vez supere los 9 metros de altura. Sus hojas son ovaladas, con el margen ligeramente ondulado y de color rojizo al inicio. Durante la primavera y el verano, las hojas se tornan de color verde intenso, pero adquieren con la llegada de los primeros fríos una llamativa coloración en la que predominan los colores amarillos, púrpuras y anaranjados, antes de perder por completo su follaje.

Florece en el mes de marzo, antes de que broten las hojas. Las pequeñas flores de color crema aparecen en densos racimos al final de las ramas secundarias. Las flores destacan por el color rojizo de los estambres.

En el mercado se pueden encontrar distintos cultivares ornamentales del árbol de hierro, entre los que destacan La Parrotia persica ‘Horizontalis’, que presenta un porte más rastrero que la tipo, y una mayor ramificación horizontal; el ‘Pendula’, de porte compacto y ramas colgantes; el ‘Seleccione’ cuyas hojas jóvenes presentan los márgenes en color púrpura; y la ‘Vanessa’ de porte columnar.

El árbol de hierro es un árbol perfecto para utilizar en jardines, tanto grandes como pequeños. Su marcado carácter estacional y su temprana floración lo convierten en una planta muy interesante como punto focal o como complemento del jardín, cuyas alegres tonalidades aportan vida y movimiento al mismo. Su utilización para formar pequeñas masas es otra buena opción en caso de contar con un espacio amplio. Presenta una gran resistencia a la contaminación, lo que unido a su pequeño tamaño lo hacen perfecto para su utilización en la ciudad.

A la hora de ubicarlo, podemos situarlo tanto a pleno sol como a sombra parcial. Soporta el frío bien, aunque las yemas florales pueden dañarse por las heladas fuertes. Necesita ser cultivado en un suelo fértil y bien drenado, y no muy alcalino. No soporta el encharcamiento, de hecho un exceso puede acarrear la pudrición de las raíces. Resiste moderadamente bien la sequía pero los vientos cálidos y secos, tienden a secar las puntas de las hojas.

Para su mantenimiento, no es necesario realizar trabajos de poda de mantenimiento, a pesar de que por el crecimiento de sus ramas, en algunos casos cruzadas o bajas pudiera parecer necesario. Lo mejor es respetar el porte natural de la especie, algo denso y con algunas ramas entrecruzadas.

En cuanto a plagas y enfermedades, el árbol de hierro es una planta muy resistente que rara vez tiene este tipo de problemas.

Se propaga por medio de esquejes de madera tierna, obtenidos en verano, o bien por semillas en otoño.