Iván M. Prado Rodríguez

La mosca blanca

Con el aumento del calor y las temperaturas los problemas de plagas en las plantas se acentúan, por lo que no es difícil encontrar plantas tanto de interior como de exterior sufriendo la presencia de pequeños huéspedes no deseados. El calor, la sequedad ambiental o el exceso de humedad, al igual que la falta de aireación, pueden favorecer la presencia de insectos. Hoy hablaremos de la mosca blanca, un pequeño insecto muy molesto que puede llegar a ser letal o cuando menos muy dañino para nuestras plantas si no lo atajamos con rapidez.

La mosca blanca es un insecto fitófago que tiene un tamaño adulto de entre 1 a 2 milímetros. Su cuerpo es de color amarillo pálido y presenta un par de alas de color blanco. Al igual que los pulgones, presenta un aparato bucal-chupador con el que perfora los nervios de las hojas tiernas de las planta para después succionar los fluidos que por ellos circulan, lo que puede provocar daños importantes en las plantas jóvenes. Una planta que se encuentre fuertemente infestada puede sufrir múltiples daños, como la reducción de su crecimiento, el desprendimiento de las flores y los frutos, o importantes daños estéticos. A mayores de estos, hay que tener muy presente que las moscas blancas son transmisoras de virus fitopatógenos cuando se trasladan de una planta infectada a otra sana.

Las dos especies de mosca blanca más habituales son la Trialeurodes vaporiorum, comúnmente conocida como mosca blanca de los invernaderos o de interior, pues es ahí donde más prolifera (aunque también se da en el exterior en climas cálidos); y la Aleyrodes proletella, que ataca a las coles.

La mosca blanca tiene como mínimo cuatro generaciones al año, dependiendo del clima y el lugar, pues su puesta depende de la temperatura. La hembra hace la puesta de los huevos en el envés de las hojas tiernas; es aquí donde las larvas eclosionan y se desarrollan. Un síntoma inequívoco de que nuestra planta está siendo atacada por esta plaga, es que después de tocar ligeramente la planta se observe revoletear una pequeña nube de moscas blancas.

Los síntomas iníciales se detectan en las hojas. Estas se decoloran hasta secarse y finalmente acaban desprendiéndose de la planta. A su vez, las zonas atacadas se van recubriendo de una melaza pegajosa y brillante que secretan las propias moscas. Esta melaza suele atraer al hongo Negrilla(Fumagina sp.), de color negro y que aparece sobre la melaza, afeando la planta y perjudicándola al impedir la fotosíntesis. En este caso no sólo tendremos que lidiar con la mosca blanca sino que también habrá que tratar a la planta contra la Negrilla.

Si la plaga es intensa debemos preguntarnos por qué, pues seguramente nos estaremos equivocando en alguna práctica, ya sea por riego excesivo o escaso, exceso de abonado (nitrógeno), falta o exceso de sol, o una baja diversidad de plantas. Lo que sí es seguro es que una plaga es un síntoma de debilidad de la planta causada por uno o varios de estos motivos. Así que es importante identificar el porqué para luego corregir y prevenir.

Si la plaga es intensa lo más aconsejable es utilizar un insecticida sistémico, es decir, que se traslada por la savia, de modo que la mosca blanca lo ingiera cuando trate de alimentarse de la planta.

La mosca blanca se desarrolla con gran rapidez, por lo que siempre es mejor tratar la planta en cuanto se detecten los primeros síntomas. Los tratamientos han de repetirse varias veces a lo largo del año, ya que tienen varias generaciones. Así, es habitual dar un tratamiento al mes en primavera y verano, aunque siempre se debería comprobar si hay o no presencia del insecto antes de tratar. Es importante asegurarse de que los tratamientos alcancen bien el envés de las hojas y que estas queden bien mojadas por el producto.

Si preferimos remedios ecológicos, hemos de tener presente que la mosca blanca tiene enemigos naturales como la avispa parasita Encarsia formosa, muy utilizada para el control biológico en invernaderos desde principios de primavera hasta mediados de otoño. Es importante recordar que la lucha biológica no está pensada para eliminar completamente la plaga, por lo que a veces será necesario recurrir a tratamientos químicos. La avispa parasita es un colaborador que se deben proteger, evitando su destrucción mediante tratamientos con productos de amplio espectro.

Otra solución efectiva, menos agresiva, contra la mosca blanca es pulverizar las plantas afectadas con jabón potásico, y posteriormente aplicar aceite de neem, un insecticida natural que actúa frente a una amplia gama de plagas.